La nutrición juega un papel determinante en la salud cutánea, la preservación del colágeno y la protección frente al desgaste ambiental provocado por la radiación y la contaminación.
Factores ambientales y el rol de los antioxidantes en la piel
El desgaste cutáneo responde tanto al paso del tiempo como a factores ambientales. Según Jean Krutmann, profesor de dermatología del Instituto Leibniz de Investigación en Medicina Ambiental en Alemania, la radiación ultravioleta no es el único factor de envejecimiento, ya que la luz visible, la radiación infrarroja y el aumento de temperatura también influyen en este proceso. A medida que el organismo envejece, se pierde gradualmente el colágeno, la proteína encargada de aportar estructura y firmeza.
El consumo constante de frutas y verduras coloridas aporta carotenoides —como la luteína, el licopeno y el betacaroteno— que se almacenan en el tejido adiposo. Volker Böhm, profesor de química de los alimentos en la Universidad Friedrich Schiller de Jena, señala que este aporte genera una protección base continua frente a los rayos UV equivalente a un factor de protección de entre 2 y 3 durante todo el año, requiriendo un periodo de entre ocho y diez semanas para mostrar efectos medibles. Asimismo, estudios dirigidos por Vivien Fam y Robert Hackman en la Universidad de California en Davis evaluaron el consumo de 85 gramos de mango cuatro veces por semana durante 16 semanas, registrando una reducción en el tamaño y la aparición de arrugas, aunque advirtieron que un consumo excesivo de 250 gramos diarios podría elevarlas debido al azúcar.
Grasas saludables y el eje intestino-piel
Los frutos secos y las semillas aportan vitamina E y ácidos grasos omega-6 que refuerzan la barrera cutánea. Un estudio aleatorio y controlado identificó que el consumo de almendras como tentempié durante 16 semanas se asoció con una menor presencia de arrugas visibles. Por su parte, el omega-3 presente en pescados azules como el salmón, las sardinas y la caballa contribuye a reducir la sensibilidad de la piel al sol y a preservar el colágeno.
La salud cutánea también se vincula con la microbiota a través del llamado “eje intestino-piel”. La ingesta variada de alimentos de origen vegetal y productos fermentados como el chucrut, el kimchi, la kombucha o el yogur nutre el microbioma intestinal, permitiendo que los microbios liberen compuestos antiinflamatorios y antioxidantes que fortalecen el sistema inmunológico y protegen frente a afecciones cutáneas.




